El gato nefasto

El gato nefasto[1]

Hubese una vez[2] un gato nefasto, era gris, o por lo menos en tonos de gris con rastros de blanco, pero en su alma, de blanco nada había.

El gato nefasto se llamaba Fausto, las razones probablemente siendo obvias.  Toda travesura le encantaba y desgraciadamente para los demás, o por lo menos para mi, ese gato vivía encantado.

Comía poco o eso parecía pero cada día se crecía mas gordo, o por lo menos gordito, y creo que era vegetariano secreto ya que mis plantas y flores eran su repasto favorito, o así parecía.

Le encantaba también la basura, la cual sacaba de su basurero debajo de mi escritorio cada vez que yo me alejaba de él.  ¿Quien sabrá que buscaba?  O qué sería lo que encontraba que tanto le encantaba.

Pero quizás en su manera también era algo generoso ya que cada día sin falla dejaba por fuera de su caja de aseo sus regalitos hediondos.  Sin falla, sin falla, sin falla.

Que no habría dado yo por mostrarle el otro lado de mis puertas, pero no, no fue posible, porque en manera inexplicable les había robado los corazones a mis hijos.

El horrible gato nefasto.

[1] © Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2012; todos derechos reservados

[2] Ya se, ya se, no existe esa palabra ¿pero no será que de todos modos la entendiste?  ¿Eso que implicará?  A mi me parece que en algún lugar en algún tiempo existió, o existe o existirá.