El Niño que Nunca Fue

El Niño que Nunca Fue

Era consentido, habría sido difícil ser mas consentido, pero todo el supuesto cariño y respeto que eso debía implicar emanaba de su abuela, una mujer noble, bella, cariñosa, carismática y espiritual, pero mas que todo imponente, y ella lo adoraba, y porque ella lo adoraba, todos que lo rodeaban lo trataban como si fuera un príncipe. No todos lo querían aunque quizás habían unos pocos que le tenían verdadero afecto, pero todos se portaban como si lo apreciaban mucho y, siendo el muy joven, el no distinguía la diferencia.

No era malo pero no se portaba bien, le faltaba respeto hacia todos menos su abuela y no entendía las consecuencias de sus acciones, especialmente con otros niños de su edad, casi todos los que conocía siendo o hijos de empleados de su abuela o hijos de personas que mucho la admiraban y, por reflexión, también parecían admirarlo a él.

El mundo le parecía muy bello aunque en realidad estaba en una época muy problemática, muy violenta e insegura, pero dentro de su ambiente protegido no lo sabia, y si lo hubiese sabido, no lo habría entendido. Ese era su gran problema, de ni conocer ni tener la capacidad para entender la realidad que lo rodeaba. Y por no entender la realidad y por siempre haber sido el sujeto de respeto absoluto, aunque quizás fingido, nunca conocía lo que era ser un niño.

Quizás su abuela le creo un ambiente protegido porque muchas otras cosas le faltaban, su salud no había sido buena durante su infancia y habían pensado que no iba a sobrevivir; sus padres se habían separado antes de que el cumplió cuatro anos: primero había desaparecido su padre y después, como tantas otras latinas entonces y ahora, su madre, infectada por el sueño norteamericano, también se había alejado. Vivía en un ambiente tan innatural que aunque no lo entendía si lo sentía.

Llego un día cuando acababa de cumplir seis años cuando de nuevo todo cambio, todo menos la realidad que nunca pudo disfrutar de una niñez. Volvió su madre y lo saco de su ambiente, llevándolo al norte frio, no en clima, pero en la ausencia de la calidez que es parte esencial de los latinos, al norte donde nunca realmente se acomodó aunque a todo parecer se convirtió perfectamente en uno de ellos. Pero aunque se habían llevado su cuerpo, su alma se quedo en su amado Manizales, caminando sus calles pero siempre volviendo a la cruz formada por la intersección del Palacio Nacional y la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario (Rosario era el nombre de su madre).

En ese país norteño tan extraño él tuvo demasiadas aventuras y también muchas desventuras pues allá no era ningún príncipe, ni era de familia importante, solo era un extranjero jovencito que no sabia hablar el idioma ni conocía siquiera las costumbres de cómo o que comer (nada de sopa y seco por ejemplo). Fue una caída impresionante, una caída demasiadamente total, pero a causa de cual en muchos aspectos encontró su humanidad y aprendió mucho, quizás aprendió mas de lo que un niño debiese saber. Tuvo que ser así ya que su padrastro, aunque muy, muy querido, era algo irresponsable y le encantaban los juegos de la suerte; lastimosamente para el niño, bueno, para todos en su nueva familia, su querido padrastro no tenía mucha suerte, por lo menos no mucha que fuese buena, entonces oscilaba entre riqueza y pobreza en manera casi mensual. Y su madre y también su querida abuela le hicieron entender, sin duda alguna, que el tenia que ser el hombre de la familia aunque solo tuviera siete añitos.

Desde entonces intento ser un hombrecito muy juicioso y responsable y, recordando como habían sido las cosas una vez en el pasado. A veces eso le dio mucha pena, pero también, muchas veces, mucha nostalgia, y el contraste le permitió ver mas allá de lo normal y entender cosas importantes en maneras muy profundas, y eso le permitió ser muy exitoso, pero a veces, también le hizo sufrir mucho, y cuando sufría pensaba “que rico hubiese sido en algún entonces, poder haber sido un mero niño”.

Esta historia tiene un profundo elemento de tristeza pero la tristeza real es que ese niño se encuentra demasiadamente duplicado en un mundo en transición, un mundo que ha perdido su pasado sin poder encontrar un presente adecuado ni ver un futuro asegurado.

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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2012; todos derechos reservados