De Margaritas y de Fe

De Margaritas y de Fe

Por alguna razón que ni el entendía pero en la cual creía con toda su alma, tenía que cosechar margaritas. Solamente margaritas y de alguna manera el sabia, de que de todas las margaritas que existían, solamente una serviría.

Su mundo en ese respecto no era fácil. Por alguna razón, quizás por haberse criado en un lugar muy lejano y también, en un ambiente metropolitano, nunca había aprendido mucho de flores, aunque todos los otros de su familia en eso eran expertos y con el eran generosos aunque les parecía que él era muy extraño y la verdad es que si lo era. Le regalaban semillas pero por acuerdo común entre ellos, cuando se las daban no le permitían saber de qué eran. Ellos insistían que de ellas el mismo debía ilustrarse.

Entonces el las semillas recibía pero no le interesaban en sí, solo le importaba cosechar esa sola margarita, una pasión que nadie entendía. Tenía una vida llena en muchos aspectos y mucho había logrado pero dentro de si vivía un gran vacío, un vacío que el casi siempre escondía, y que solo esa margarita podría llenar, eso él y quizás solo el entendía. Entonces, mientras atendía sus deberes cotidianos más o menos bien, quizás más que menos, su enfoque interno era centrado en esa flor que para él era sublime.

Tenía hambre, tenía sed, tenía dolores del cuerpo y del corazón y quizás algunas otras cosechas los habrían aliviado, pero en su alma buscaba solo margaritas, y no cualquier margarita, sino esa margarita única que de alguna manera, desde alguna dimensión, le había capturado su amor.

No digo que no hacía más que pensar en margaritas, muchas cosas hacia y había hecho y las había hecho bien más que menos. Pero lo que más le importaba a él era preparar el campo para la llegada de esa margarita y por lo tanto, dirigía sus mayores esfuerzos hacia alimentarla aunque aún no estuviera y aunque todo que gastaba se desperdicia. No le importaba si estaba desgastando sus esfuerzos, o si esta vez de nuevo estuviera equivocado, tenía una profunda fe que si seguía preparando la tierra para esa margarita, entonces si algún día llegara, todo estaría preparado para recibirla.

La margarita era complicada y por razones reales pero también ilusiones, temía permitirse ser encontrada. Escondida lo miraba preparando la tierra para su llegada y demasiadas veces le parecía que él era absurdo en su gran enfoque. No entendía porque él no aceptaba las otras opciones de las cuales tan fácilmente podría el disfrutar pero que él, aparentemente desagradecido, despreciaba. A veces ella se burlaba de él, le parecía ridículo, pero en su alma algo le cantaba que no era así. Se disgustaba con él porque sus acciones y persistencia la confundían. Ella no lo lograba entender pero al mismo tiempo, le agradaba un poco que anuqué ella no llegaba, el seguía esperándola.

A veces la margarita se preguntaba porque él lo hacía, pero otras veces entendía, y algunas pocas veces casi salía para disfrutar el abono y el agua que tres veces al día le traía. Pero el temor la impedía y no lo podía hacer, aunque en su alma también temía que llegaría el día en el que no volvería.

A lo largo del tiempo lo vio perder ánimo, por lo menos de vez en cuando, y a veces eso la hacía pensar como sería el día en el cual el no reaparecía. Pero día tras día, el seguía, quizás a veces triste, pero siempre ahí, preparando la tierra con agua y abono que solo servía para una sola margarita.

Día tras día, tras día, tras día.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2013; todos derechos reservados