Ciclos de amor y dolor

Ciclos de amor y dolor

Busco esa noche estrellada que nunca fue, o el día a la orilla del mar escuchando las historias de las olas, o el día en los jardines botánicos, no los diseñados por el hombre sino los creados por la naturaleza dentro de bosques y selvas escondidas en montañas andinas, pero ellos tampoco ocurrieron. Creo que mucha falta nos hicieron.

Me encuentro en un espacio tan incómodo, tan desagradable, tan feo, tan … triste, y no creo merecer estar aquí, pero quizás aquí hay algo más que debo aprender. De nuevo se inicia tu ciclo de rechazo y alejamiento, seguido por novedades pero no totalmente agradables. La vida en la sombra, el mundo en blanco y negro, por lo menos el mío. Cuanta falta me hacen tus colores y tus olores y tus sabores y el toque suave de tus manos. Pero otra vez nos encontramos en las mismas. No sé por qué, si será tu temor, si será que te encuentras sin suficiente tiempo en tu vida para mí, si algún otro ocupa el espacio en tu alma que yo necesito, pero de nuevo me estas rechazando y el dolor que ya demasiadas veces he conocido toca a mi puerta, invada mis sueños, me amenaza el alma. Ya de nuevo me encuentro sin ti. Estas cerca en algunos aspectos físicos, pero ya el nosotros se encuentra desecho. Y parece que no tengo manera de desviar este proceso de ciclos de amor y dolor.

Las otras veces no lo has entendido o por lo menos esa es la conclusión a la cual he llegado, aunque también he pensado que entiendes precisamente lo que ha ocurrido pero no te conviene admitirlo. En realidad no se cual versión es real o si hay una versión real, podría ser que ambas lo son. Sí sé cuál es la mía: cada vez luego de alejarnos nos hemos encontrado con otros, yo tratando de hacer lo mejor de la situación en la cual me dejaste y tú, pues, eso no sé. Si sé que cuando de nuevo nuestro ciclo inicia me lo reclamas como prueba de que mi amor por ti es falso pero eso en nada es justo. Cada vez solo traté de esconder el dolor que me causaste, entumeciéndome en otras a las cuales luego les hago daño, pero sin intención, quizás en la misma manera que tú a mí me lo haces.

¿No será posible que esta vez podamos terminar este ciclo y por fin arribar al bello destino que veo? Sé que de nuevo estamos resbalando hacia donde yo no me quisiera encontrar y hacia donde creo que tú no me quisieras ver y si así ha de ser otra vez, mucho quisiera que esta vez entendieras lo que está pasando y aceptaras que la culpa no es mía. Que si llego a encontrarme de nuevo con otras, en nada te lograrán remplazar, aunque me hayas remplazado, desplazado, rechazado. Que solo, por unos breves espacios llegarán ellas a intentar aliviar el dolor y la tristeza que sufro al no realizar lo que tanto sé debía ser, lo que tanto deseo, lo que necesita mi alma y mi ser.

Sé que en el pasado has pensado que mientras te alejas de mí, o te vas con otro, yo pacientemente te debo esperar, esperar hasta que te despiertes y te des cuenta que conmigo debías estar. Algo que luego casi ocurre, hasta que de nuevo te alejas. Pero no he sido capaz de aguantar ese dolor tan intenso y tenaz, escondido solo dentro de un hueco, un enorme y negrísimo vacío emocional y no sé si esta vez lo pueda lograr. Debes entender que cada vez que ocurre esto lo que siento es que te he perdido para siempre, no que es solo una breve desviación, y cuando eso ocurre me encuentro total y completamente perdido, y siendo humano, busco alivio.

Claro que podría ser peor, quizás esta vez lo será, podría ser que no te importe ni lo que esté ocurriendo ni lo que pueda pasar. Quizás cantas la canción de una mariposa tan incomparablemente bella que no puedes evitar enamorarte con ti misma y en ese estado de enamoramiento profundo te centras tu mundo. O quizás así lo percibo por no ser suficientemente sabio, por no poder entender las complejas razones que te hacen quien eres. Quizás es solo la palmada del karma, karma que por el daño que luego les hago a otras nunca logro descargar.

Pienso en Pablo Neruda y en su poema de amor número 20 y especulo sobre lo que él podría haber sentido antes de llegar a sus conclusiones. Especulo en qué le habría pasado y me pregunto si él también habría pasado por espacios como estos. Que él y yo hubiésemos compartido dolores parecidos no me alivia. ¿Será que lo alivia a él?

Busco esa noche estrellada que nunca fue, o el día a la orilla del mar escuchando las historias de las olas, o el día en los jardines botánicos, no los diseñados por el hombre sino los creados por la naturaleza dentro de bosques y selvas escondidas en montañas andinas, pero ellos tampoco ocurrieron. Creo que mucha falta nos hicieron.

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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2013; todos derechos reservados