Arte siniestre

Arte siniestre

Arte, … siempre, cuando lo pienso, considero sus aspectos positivos; creación me cae como si siempre, por su mera naturaleza, fuera positiva, pero claro que así no es. Como notó Aristóteles en milenios ya muy antiguos, todo se puede pervertir.

Ella combina belleza en un tejido casi perfectamente balanceado con el engaño, tan bien ejecutado que aunque lo reconozco, me quedo mesmerizado, admirando su técnica mientras me desbarata y me incluye en esa seda de ilusiones en el cual se viste. Miente casi siempre pero con pistas de lo real mescladas en su tapiz, para que sus víctimas (espero sean muchos y no solo yo) queden totalmente sin defensas, ni siquiera la disculpa que fueron engañados.

A lo largo del tiempo ya creo ser capaz de vivir sin ella, pero solo con tanto que ella no me busque porque hasta anoche, solo necesitaba ejercer su magnetismo en mi presencia, y toda mi sabiduría, todas las experiencias de una vida, evaporaban y todo que ella quisiera se lo daba. Ni me lo pedía, bastaba con hacerme conocer que lo quería, aunque fuera un mero antojo y me costaba todo lo que yo tenía. Sé que aunque lo que siento huele a un amor profundo y perfecto, lo que ha llegado a ser en base de ese arte retorcido es una perversión de ese divino concepto en que tanto, toda mi vida, he creído.

Y entonces, ¿anoche qué?

Hay poca duda que en su género ella es artista de primera estación. Pero quizás por fin tomo un paso de más mientras tejía su desprecio en su lujosa cachemira y quizás sin darse cuenta me liberó, tomándome tanto en vano que ni lo pensó. Hasta los más grandes artistas de vez en cuando cometen errores en sus obras y de vez en cuando los errores resultan en sus más exaltadas creaciones. Quizás anoche trabajaba demasiadas otras obras a la vez y por un instante se le fue la mano y, cansada y aburrida con el juego con respecto a mí, se equivocó.

Creo que para ella la crueldad agridulce es un juego y sí, un ejercicio artístico, un arte siniestro pero demasiadamente bello. De todos modos, por lo menos mientras escribo estas reflexiones, por lo menos hoy, por lo menos en este instante, aspiro que de su tejido, como un hilo rebelde, he escapado, y que no me volverá a capturar si tengo la suerte que, como parece, tan poco le importo.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2013; todos derechos reservados