Lo que eso me decía

Lo que eso me decía

Sus besos eran hermosos, tiernos y deliciosos, más suaves que los ecos que generan los petalos de las flores cuando caen, deslizándose sobre rayos plateados de luz lacra. Pero de pasión ni una sombra tenían.

Mucha poesía le escribí la cual ella casi nunca leía, la encontraba demasiadamente densa, o eso me decía, aunque creo que quizás es que demasiadamente bien la comprendía.

La verdad es que ni me quiere ni en probabilidad me quiso, por lo menos en la forma a la cual yo aspiraba, pero tan bella me parecía que todo eso escondía. Y mal interpreté la forma en la cual me encontró conveniente.

Anuqué nada me pedía, todo aceptaba y sabia como hacerme saber lo que necesitaba y también lo que quería. Cumplir con sus deseos creo, en ese entonces, era la razón por la cual yo vivía. ¿Será que ella entendía lo que eso me decía?

Pero

Sus besos eran hermosos, tiernos y deliciosos, más suaves que los ecos que generan los petales de las flores cuando caen, deslizándose sobre rayos plateados de luz lacra. Aunque de pasión ni una sombra tenían.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2013; todos derechos reservados