Un ciclo de amor interrumpido

Un ciclo de amor interrumpido

El Sol escondido, envuelto en cobijas de nubes, duerme, impaciente, quizás sufriendo alguna pesadilla plateada, esperando al lado de la Aurora a su hija desconocida.

La luna lo mira con compasión, con lastima, con piedad. En poco tiempo, — antes de que el despierte — lo dejará. Ya no es capaz de soportar más tiempo en el vacío de un amor disipado, ya no lo quiere en la misma manera que antes. Se acabó, si no del todo, de lo demasiado. Se acabó este ciclo de amor.

¿Sera que ella es demasiadamente dura? ¿Qué esta vida la ha dejado incapaz de confiar completamente en otro ser del sexo opuesto? ¿O que siendo ellos tan fáciles de manipular no merecen su respeto y por lo tanto, nada de su amor?

Qué triste sería eso, por lo menos para ellos.

La sombra de su hija desconocida lo besa tiernamente en la mejilla, intentando despertarlo suavemente. Ella no lo teme, ni lo odia. Para ella, el representa infinita eternidad, todo bondadoso, la fuente de su luz. Pero el no despierta, sigue soñando de aquellos días antes del tiempo cuando la Luna era suya.

Elena espera, paciente, como lo ha hecho siempre pero siente que, aún no nacida, su tiempo la ha pasado. Que nunca sentirá el beso cálido de un amado acariciando su piel, o el delicioso frio después del atardecer invitándola a soñar dulces quimeras del ser que la esperará, no obstante cuanto tiempo se demore.

Pero a ella no le importa porque todo lo tiene en su sueño y sabe que su padre la ama, y que la escucha cuando lo llama. Solo que solitario él no es capaz de cumplir con su destino.

Ambos víctimas de un ciclo de amor interrumpido.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2011; todos derechos reservados