El amor, un cuento de hadas estropeado

Lucifera

Para ella, el amor vivía dentro del espacio entre lo que ella recibía y lo que ella tendría que corresponder.

Tenía que proporcionar algo, lo percibía, o no habría juego, la sombra siendo esencial para la luz, el dolor para el placer, pero para ella, las caricias placenteras del amor surgían solo cuando ese espacio se convertía en un abismo, un piélago, un pozo sin fondo. El arte consistía en dar lo menos posible y recibirlo todo, estirando al otro tanto como fuese posible, estirándolo hasta que estuviese a punto de reventarse y manteniendo esa tensión perfecta por el mayor tiempo posible, un orgasmo perfecto, eterno e infinito.

De vez en cuando ella debía permitirle la ilusión de que él se había escapado; que el desprecio, la crueldad y el desdén lo habían liberado, pero eso solo para de nuevo corridamente atraparlo dentro de su telaraña, cuando, después de un tiempo oportuno, a ella se le había dado por lograrlo. Pero como ese esfuerzo contaba como un “dar”, tenía que ser inapreciable.

Él no podría ser un masoquista, eso no sería divertido, pero si tenía que asegurarse que él obtuviera el menor placer posible por medio de esa “relación”, una que realmente nunca había comenzado y por lo tanto, nunca se podría terminar. Nunca se podía permitir que su generosidad le generara satisfacción, tenía que ser criticada tanto como fuese posible, aunque sin destruirla. Tenía que ser vista como algo sucio y egoísta por su parte, su aceptación por ella simplemente algo debido, como el rocío sobre una hoja en alguna madrugada.

El amanecer, acariciando suavemente las cuerdas pegajosas de un dulce lienzo de araña; quizás la de Charlotte, la esperanza, el hilo más útil en su tejido, pero solo la mínima, la apenas adecuada, nunca haciéndose promesas, solo insinuantes, su negación tejida de sombras y ecos esencial.

El sadismo, el verdadero sadismo, era una forma de arte y ella una artista, ama de ilusiones bellamente hechas a mano.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2018; todos derechos reservados. Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista político y académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree. Hasta hace poco coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción. Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en http://www.guillermocalvo.com.

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