¿Pero qué tal el dolor? Estiércol o una lección diestra: un cuentito triste

Quicksand

Despertó temprano, no porque no podía dormir, le encantaba perderse en los mundos de Morfeo. Ahora más que nunca. Fue su maldito celular haciendo ruidos constantes, como si estuvieran llegando mensajes aunque no era eso, nada llegaba y si un mensaje en particular hubiese llegado, él no hubiese sabido qué hacer.

Se levantó, revisó las noticias como de costumbre, chateó por Messenger con una antigua novia que no podía dormir, completó un poema de despedida desesperada y lo publicó. Será que a ella le chocaría tanto como esos poemas de amor sobre ella que de alguna manera desconocida habían aparecido en Twitter? ¿Los que terminaron la relación que nunca fue?

Comunicación moderna, el internet, la senda que debía unir pero en vez polarizaba tanto en lo personal como en lo social. Se preguntaba, atormentándose, con quien estaría ella ahora y se respondía, engañándose, que no importaba. Luego reflejó que entre ellos ahora no podía recordar ni un solo instante bello. Ni un beso espectacular y casi ningunos cotidianos.

Bella ella sí era, una cara más hermosa no podría existir. Su cara hubiese lanzado más buques de guerra que la Helena de leyenda. Pero bellos tiempos compartidos, ¿será que realmente ningunos existieron? En alguna ocasión sí empezaron, como ese día en el lago, o en Salento, pero nunca culminaron. Cada vez que el planeaba algo resultaba aplazado. Las niñas o la familia o las amigas, … “que pesar”.

¿Cómo fue entonces que tan completamente y por tanto tiempo lo capturó? Qué tan profundamente lo enamoró. Tiempos juntos jamás fueron disfrutados en lugares íntimos; solo en centros comerciales y mercados, pagando sus facturas, ayudándole con sus vueltas, lo que para ella definía el amor. ¿Sera que ella eso realmente creía? Que ingenio fue.

Amaneció nublado, la ciudad cubierta en cobijas de vapor. Reflexionando, se preguntó si eso reflejaba el estado de su alma, un alma lastimada y enferma, un alma decepcionada. “No lo creo” decidió, “esa neblina es hermosa, por lo menos en conjunto con el paisaje que, al parecer, amorosamente la abraza”. Lo que siento no es así. Lo que siento es demasiadamente complejo pero nada de belleza tiene.

Se despierta la ciudad y su día inicia, uno muy lleno con reuniones de todo tipo, quizás con una clase de tenis si el campo se logra secar, y luego, ejercicios mentales para lograr el olvido. ¿Será que de ella algo aprendió o será que la realidad siempre la conoció pero poco le importaba? Una apuesta, él había pensado, improbable pero no imposible. Y esa apuesta la perdió. Dinero y mucho le había costado pero eso a él poco le importaba. Ahora que ella ya no estaba mucho dinero ahorraría y la verdad es que ella mucho más le podía haber quitado. “Pobrecito el que siga” se engañó. Sus pérdidas no se podían medir en dinero gastado pero él sí se preguntaba si eso era todo lo que a ella le había importado.

Qué fin tan desagradable, que fin tan predecible, que fin tan atormentador, pero siendo honesto, no podía haberlo evitado. Que horrible ese amor, “una carrera”, como una vez ella se lo había expresado, “corrida hundido en lodo”. Pero el olor le decía que no era lodo sino algo más sucio, más desagradable.

“Pobrecito yo” pensó, pero luego se río:

“Que pendejo soy. Merezco todo lo sufrido y ella una lección muy diestra me regaló. Quizás, al final, fue dinero bien invertido, …”

¿Pero qué tal el dolor?
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2019; todos derechos reservados. Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista político y académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree. Hasta hace poco coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción. Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en http://www.guillermocalvo.com.

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