Oda a la región posterior de la ignominiosa Rattus Chordata

Uno no debería ser criticado por preguntarse de dónde obtienen los individuos destemplados su suministro de “culos de rata” de cuales se niegan a separarse, incluso con respecto a cosas que parecen no importarles.

¿Dónde se guardan? ¿Tienen otros usos además de con respecto a las declaraciones peyorativas? Si aquellos que se niegan a deshacerse de ellas no tienen ningunas, pero todavía afirman que no están dispuestos a entregarlas, se trata con un ejemplo de fraude procesable o se ha convertido eso en un engaño aceptable, como en “vender acciones al descubierto”.

¿Hay escasez de culos de rata? Dadas todas las ratas que pueblan la mayor parte del mundo, uno pensaría que no, pero ¿dónde se pueden obtener los culos de las ratas? ¿Habrá dispensarios especializados? ¿Tienen otros usos además de en conjunción con metáforas morfológicas y símiles?

¿Tienen los culos de las ratas algún valor intrínseco para alguien o algo más que sus dueños originales? Dada la frecuencia de las alusiones a ellas, ¿valdría la pena invertir en culos de rata, o quizás, en futuros de culos de rata? ¿Se negociarán en alguna bolsa de productos básicos, tal vez en los mercados de Wuhan?

¿Qué pensarían las ratas, si se les daba a reflexionar, de toda la atención que se presta a ese aspecto de su fisiogenia? ¿Qué dice ese interés acerca de aquellos humanos que parecen estar tan interesados ​​en ellas que no las abandonarán?

Preguntas algo extrañas durante la mañana de un domingo al comienzo de la primavera, flotando en el aire a poco más de dos mil metros en la cordillera central de los Andes colombianos.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2021; todos derechos reservados.  Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista político y académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree.  Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción.  Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en http://www.guillermocalvo.com.

Algunos días son simplemente infernales, o mi sábado menos favorito

Así que….

Había sido un viernes pésimo. El peor de mi breve estancia física.  Me azotaron, me obligaron a llevar un pesado trozo de madera por toda la ciudad, me volvieron a azotar, luego me clavaron en una cruz y, como si eso no hubiera sido suficiente, me apuñalaron en las costillas con una lanza para ver si había disfrutado o no de la experiencia. No lo había hecho, pero papá se había negado a echarme una mano. Luego me habían bajado de la cruz, rociado con hierbas, envuelto en lino y sellado en una cueva fría y húmeda. Al menos estaba bastante seca. Un infierno de lugar para despertar, pero de hecho, el infierno fue donde me desperté, muy temprano al día siguiente, creo que fue poco después de la medianoche. Por alguna razón les gusta la medianoche allá. ¡Hacía muchísimo calor! No es el lugar idóneo para descansar después de un día desgarrador. Sin embargo, había gente interesante allá, de hecho, casi todos los que habían vivido (excepto los pocos que papá había teletransportado al penthouse), estaban allá.

Lucifer, el antiguo dios romano de la luz y la verdad, estaba allá quejándose de que lo estaban transfigurando en el fiscal de papá, Shaitan. Un grupo de sirvientes viejos y desechados de papá también estaban allá preguntándome cuánto tiempo iba a durar la eternidad. Hice todo lo posible por ignorarlos (lo cual no fue fácil). Adán y Eva estaban allá también, por supuesto, con toda su progenie, que, bueno, incluía a todos. Caín y Abel se habían reconciliado, todo había sido un malentendido pues nadie sabía acerca de la muerte en ese entonces. A papá se le había olvidado de explicar qué era y cuán definitiva era, o quizás, por razones propias, no quería que supieran, había estado muy molesto.

Por alguna razón, todos sintieron que yo estaba allá para salvarlos pero realmente no tenía ninguna intención de quedarme. Tampoco estaba muy emocionado de regresar a la superficie después de la semana que había tenido, pero evidentemente, antes de que papá me dejara regresar a casa, tengo que terminar una sentencia de cuarenta días, hacer un montón de promesas vagas, etc. Pero después de eso, definitivamente no regresaré, no importa lo que esperen.

Tenía una sed, perdón por el juego de palabras, infernal, pero allá no se podía beber vino a ningún precio, solo agua sucia hirviendo, mezclada con azufre y el olor omnipresente de huevos podridos. Por alguna razón, tengo que quedarme hasta después de que se complete el sábado. Se sentirá como más de un día, ¡déjame decirte! Al menos tres.

¿Quién puede entender los caminos inescrutables de papá? Confieso que yo no puedo. Le encanta ser misterioso y nunca dice las cosas directamente. Es difícil saber lo que quiere lo cual causa muchos problemas porque ¡odia cuando no se sale con la suya! Recuerdo cuando hizo estallar una ciudad y luego convirtió en piedra de sal a una de sus seguidoras por haber dado media vuelta para ver qué pasaba, y luego, un rato después, inundó todo el mundo durante cuarenta días y cuarenta noches. Parece que le gusta el número cuarenta. Me metió en el desierto una vez durante cuarenta días y cuarenta noches para ver si verdaderamente podía contar conmigo, pero después de un tiempo, me quedé en blanco.

De todos modos, tengo un tiempo que matar aquí antes de que me dejen salir, así que creo que circularé, tal vez charlaré con Lucífero para conocer su versión de los hechos con papa. Eso debería durar un buen tiempo.

¡¡¡Ay!!! esto arde muchísimo.

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Iba a escribir esto usando un nombre falso, muy popular en ese entonces, tenía en mente atribuírselo a Don Rickles (no era fanático del protagonista), pero, diablos, papa tiene a Santa Claus trabajando para él, así que ya lo sabe todo. Entonces, … aquí va nada. Espero que “papá” haya desarrollado un sentido de humor.  © Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2021; todos derechos reservados.  Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista político y académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree.  Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción.  Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en http://www.guillermocalvo.com.

Una observación del una vez y del futuro, Una especie de haiku en mi bemol menor

Como el universe,

árboles:

la belleza de la simetría asimétrica

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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2021; todos derechos reservados.  Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista político y académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree.  Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción.  Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en http://www.guillermocalvo.com.

Sombras con acentos helados, blancos sobre blancos

La nieve centellea mientras cae de un cielo abrigado en nubes; campos, verdes en edades primordiales ahora a secas blancos sobre blancos.

Una mujer alba, acicalada de cabeza a pies en piel blanca deja huellas en un suelo remangado, vapor pálido escapando entre dientes nacarados, a través de labios pálidos, mezclándose con escamas que abatan.

Árboles, cubiertos de escarcha, ramas cristalinas, algunas, las demasiadamente pesadas, yacen esparcidas por el suelo helado. La nieve reviste charcos aturdidos y un estanque pasmado, blanco sobre blanco.

Un pálido anciano, sentado en un esquife cubierto de nieve, su cabello y barba tan albos como los remolinos de lluvia cristalizada que golpean su pequeña y sucia vela, su aliento mezclando con la pálida niebla. Estrellas, deslucidas; una pálida luna creciente elevándose sobre un paisaje de lago monocromo.

Tonos de blanco sobre blanco cubren antiguas semillas de saúco aun excavando y pretéritas raíces aún sueñan con la primavera que una vez conocieron. Sombras resuenan suspiros sibilantes que pronto se pierden en la larga noche ártica.


© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2020; todos derechos reservados. Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista político y académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree. Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción. Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en http://www.guillermocalvo.com.