Un poema sin sentido

No sé quién soy.

Sé que no soy el que tanto te amó porque nada del amor recuerdo.  No recuerdo que se siente cuando uno ama, o a que sabe el amor, o a que huele, o como resuena en el alma. 

Ni dolor ni placer siento, ni jubilo ni horror.

Soy, y poco más.  Pero de quien soy, nada se.

No duele, no sufro.  Nada.  Aunque recuerdo que el limbo es peor que el purgatorio.  Y que el infierno es meramente una versión torcida del cielo.

Recuerdo algo sobre quien fui, pero es difícil creerlo.  Ese ser fue tan inocente, tan creído y creyente.  Tan lleno de emoción sin techo y sin suelo, y tejido de optimismo sin fin.

Te recuerdo.  Creo.  Pero no estoy seguro.  Es más una memoria de una vez, en alguna ilusión, haberte visto, y haberte escuchado, y haberte tocado.  Y haberte amado.

No recuerdo haberte olvidado.

Pero no estas.

Ni estoy yo.

O, por lo menos, no sé quién soy.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2022; todos derechos reservados.  Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista y analista político, y, académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree.  Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción.  Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en https://guillermocalvo.com/.

Ni Siquiera: … En defensa de lo divino

¿Qué tal si consciencia, el estado de sentiencia y sensiblería fue lo primero, autoconciencia, pero sin nada sobre cual ser consciente?  Un despertar en la oscuridad absoluta del nada, sin ni siquiera ser un ser.  ¿Cómo podría funcionar eso? 

¿Existió?

¿Qué tal despertar sin saber nada porque nada exista?  Ni siquiera lo que despertó.  Nada, absolutamente, completamente nada.

Ni un vacío. Ni una idea, ni siquiera incipiente.  Solo sensiblería sin ancla.  Nada sapiente. 

¿Cómo no estar traumatizado?  Solo que el trauma no existe.  

Absolutamente nada existe.  Ni siquiera el tímido tiempo. Ciertamente ni el espacio. Ni algún cielo, ni, por supuesto, ningún infierno.

Ni siquiera la posibilidad de una gran explosión embrionaria, ni una pequeño explosión, ni siquiera una explosión infinitesimalmente diminuta.

Ni siquiera la soledad. Ni siquiera el bien ni el mal, ni la moralidad ni la ética, ni ecos ni sombras ni indicios de algo que vendría.

Sin infinidad ni eternidad.  Nada. Nada sino una sensiblería recién originada con nada que sentir.

¿Y qué de la mortalidad, o aun peor, que de la inmortalidad?

Me parece que eso es lo que hubiese sido ser dios, en el verdadero comienzo.  

Pues entonces, con razón carece la divinidad de estabilidad y perspectiva.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2022; todos derechos reservados.  Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista y analista político, y, académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree.  Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción.  Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en https://guillermocalvo.com/.

Hubese una vez una Mujer

Hubese una vez, en la hermosa ciudad de Manizales pero desde Bogotá, una mujer que la llamaban Juanita.  Una mujer muy, muy especial.  Una mujer con una historia larga y complicada pero más que todo una mujer hermosa y ejemplar.

El mes de junio trae bajos muy bajos y altos altísimos.  En ese mes, en 1990, falleció mi adorada madre.  Pero en ese mes también cumplía años mi abuela Juanita, y cumple años mi nieta Melissa.  Melissa cumple tres y aun no la he podido conocer, pero Juanita, eso sí es algo especial.  Especial para mí, pero también para muchos otros, y eso por todo el mundo; eso es especial para los Mahés regados por nuestro país, casi todos con floristerías exitosas, uno de los muchos legados de ella.  Y es especial para los Padillas, una familia de talentos excepcionales.  Y es especial para los Rubianos y para los Garcias de Manizales.  Y para su hermosa hija Livia, quien, por bastante más que medio siglo, reside en los Estados Unidos.  Y pues, como escribí, para muchísimos.

Juanita Rubiano Valbuena viuda de Mahé y de Restrepo, un nombre largo para una mujer con huellas enormes.  Valiente empresaria y emprendedora en una época cuando las mujeres en esos campos no cabían. Líder espiritual, filántropa, madre cabeza de hogar, abuela, bisabuela. 

Para mí, en su época, desde el antiguo Hotel Roma que ella fundó, ella era la Reina de Manizales, y luego, de Villa Maria, y luego, en su muy merecida jubilación, la Reina de la Calle Ocho en Miami.  Hoy estaría cumpliendo 122 años.  Se fue antecitos de cumplir los 101 por su propia decisión, habiendo ya cumplido en esta vida todo lo que quería, en especial, cumplir su siglo, y, además, ver el cambio del milenio, y buscó entonces empezar una vida nueva al otro lado del velo.  Seguramente allá fue recibida con mucha felicidad, mucho amor, mucho agradecimiento y felicitaciones por una vida muy completa y bien vivida; recibida por mi madre, y por mi tia Carola, y por mi tío Pacho, y por sus padres, y por sus hermanos, tías y tíos, sobrinos y sobrinas, primos y primas, amigos y amigas, y por muchos otros agradecidos por todas las cosas nobles que por tantos hizo.  Una vida que incluyó cosas como cruzar los Andes en mula con su esposo y sus bienes en los 1920s, incluyó criar un hijo y tres hijas, sola, después del fallecimiento de, primero, un esposo médico, y luego, el abandono por un esposo de excelente familia pero pocos valores personales.  De casi todo hizo algo, y a su estilo y en su manera.  Donó nuestra hermosa finca en Versalles, bajando por donde hoy queda Confamiliares de la 50 y el Colegio Nuevo Gimnasio, como un hogar para niñas embarazadas y rechazadas por sus familias, el “Hogar Juanita”.  Lastimosamente, s uno de los poderosos de nuestra región se logró apropiar del terreno, y mucho de él lo vendió, haciéndose aún más rico.  Pero así ha sido la vida en nuestro país, por lo menos hasta este 7 de agosto.  Ya veremos cómo cambia.  Seguramente, desde donde van a descansar los buenos, ella estará mirando.

Mi abuelita adorada y muy, muy admirada.  Muy extrañada, aun después de algo más que veintiún años.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2022; todos derechos reservados.  Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista y analista político, y, académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree.  Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción.  Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en https://guillermocalvo.com/.

Reflexiones mientras espero el amanecer en un día aparentemente crítico en la historia de Colombia, 19 de junio de 2022

No puedo dormir.  Todavía no son las 4:00 a. m., pero llevo varias horas despierto esperando las elecciones presidenciales de Colombia. De un lado, camuflados, están las élites tradicionales de Colombia: los partidos tradicionales; los medios de comunicación corruptos, propiedad de la clase multimillonaria; el Estado colombiano; y, la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos.  Todos respaldando una versión del Sr. Burns de los Simpson.  Un hombre orgulloso de haber estafado a los pobres como la mejor manera de aumentar su fortuna, un hombre que promete aumentar la jornada laboral a diez horas y reducir el almuerzo a media hora, un hombre que orgullosamente se negó a rescatar a su hija secuestrada por quién sabe quién (la insurgencia a la que acusa siempre admite con orgullo sus secuestros pero ha negado su participación), un hombre quien ha proclamado públicamente su admiración por Adolf Hitler, y un hombre quien, a pesar de estar bajo serias investigaciones por numerosos casos de corrupción, basa su campaña en la lucha contra la corrupción y la impunidad.

Ese hombre logra combinar todas las cualidades negativas de Donald Trump (su personalidad y tendencia a la jactancia), de Joe Biden (su ineptitud y corrupción, incluido un clon de Hunter como hijo), del brasileño Jair Messias Bolsonaro y del filipino Rodrigo Roa Duterte. Tal vez incluso un rastro de Kim Jong-un de Corea del Norte. En la medida en que los anteriores tienen cualidades positivas, él no comparte ninguna.  No obstante, dado el apoyo total de los medios de comunicación corporativos, en especial de la Revista Semana, las cadenas radiales RCN y Caracol, y el periódico El Tiempo, todos al estilo de los Estados Unidos, y el posible fraude electoral, ese hombre se ha convertido en un posible vencedor.

La conclusión que me ha reforzado lo anterior es que la política actual no se trata de izquierda contra derecha, sino de poder estatal profundo, esa combinación de funcionarios gubernamentales y medios de comunicación corruptos al servicio de los multimillonarios que los adueñan, contra cualquiera que amenace su control del poder, ya sea desde la derecha, como lo hizo Donald Trump en los Estados Unidos, o desde la izquierda, como pretendió hacer Bernie Sanders en Estados Unidos y ahora busca hacer Gustavo Francisco Petro Urrego, un populista de izquierda en Colombia. Pero también que los estados profundos son camaleones sin ningún problema, a pesar de los hechos evidentemente obvios, en presentarse como los vehículos para el cambio y los campeones de la lucha contra ellos mismos, es decir, los detentadores tradicionales del poder totalmente corruptos.

Es difícil imaginar a dos personas más diferentes que Donald Trump y Gustavo Petro, ya sea medido por sus temperamento, por sus antecedentes o por sus políticas, excepto que ambos abogan por evitar conflictos armados y gastos de defensa descontrolados, y ambos desafían el statu quo.  Pero las armas utilizadas contra cada uno son virtualmente idénticas. Una campaña mediática las 24 horas del día, los 7 días de la semana, de distorsiones y mentiras descaradas diseñadas para generar miedo, aversión y odio; un voto por cualquiera menos por ellos, sin importar cuán horrible sea; y una profunda creencia de que no es necesario engañar a todo el electorado todo el tiempo (parafraseando a Lincoln), sino solo a una parte suficiente del electorado durante los días de elección. El cinismo es la clave, el cinismo ligado a la credulidad. Y la credulidad no es sinónimo de falta de educación o cognición, funciona independientemente de la educación o del intelecto.

Como ocurría en la época de Julio César hace dos mil sesenta años, los más malvados entre nosotros se describen a sí mismos como los “boni” (los buenos), mientras que aquellos que buscan mejorar la suerte de la gran mayoría son catalogados como malos. . Aparentemente, con demasiada frecuencia es cierto que “cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual”, pero “con demasiada frecuencia” no es lo mismo que “siempre”. Gran parte de la América Latina ha despertado y ha olido a las rosas, o al menos al café, y regímenes corruptos han sido derrocados, al menos temporalmente, en Honduras, Uruguay, México, Chile, Perú, Bolivia y Argentina. Brasil y Colombia pueden buscar unirse a ellos. Los votantes en Ecuador pensaron que lo habían logrado, solo para que las agencias de inteligencia de los Estados Unidos detuvieran la marea con fajos de efectivo, como suelen hacer en todas partes, incluso en los mismos Estados Unidos.

Entonces, en unas doce horas (ahora son las 5:30 a. m.) veremos si, como en 1970, el estado profundo colombiano con la ayuda de Estados Unidos, logrará robarse otra elección presidencial, o si demasiados colombianos se negarán a dejarse intimidar, se negarán a aceptar un fraude electoral a gran escala, mucho más difícil en Colombia que en Estados Unidos. En Colombia, por lo menos, requerimos la identificación de los votantes y la entrega de boletas solo en sitios electorales monitoreados.  Pero no es imposible: las autoridades electorales colombianas se han negado a cumplir con los requisitos legales de que los participantes electorales puedan auditar el software electoral, una táctica copiada de las prácticas estadounidenses en 2020.

Entonces, como muchos otros en Colombia, tanto los sabios como los engañados, paso una noche sin dormir preguntándome qué traerá el mañana, qué traerán los próximos cuatro años. Incluso si la democracia prevalece, como vio Estados Unidos durante el período que comenzó en 2016, los estados profundos nunca duermen y nunca se rinden, y no hay absolutamente nada que no hagan para mantenerse en el poder.

Pero donde hay vida, hay esperanza, y todavía queda bastante vida aquí.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2022; todos derechos reservados.  Permiso para compartir con atribución.

Guillermo Calvo Mahé es escritor, comentarista y analista político, y, académico residente en la República de Colombia. Aspira ser poeta y a veces se lo cree.  Hasta el 2017 coordinaba los programas de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Manizales. Tiene títulos académicos en ciencias políticas, derecho, estudios jurídicos internacionales y estudios de lingüística y traducción.  Puede ser contactado en guillermo.calvo.mahe@gmail.com y gran parte de su escritura está disponible a través de su blog en https://guillermocalvo.com/.

Llegó el día

Llegó el día en el cual, si superamos los miedos que siempre se siembran para mantenernos encadenados, si nuestras memorias funcionan como debían para superar las telarañas de las mentiras que nos ahogan y engañan, podremos utilizar esa llave que aparece cada cuatro años para lograr nuestra liberación del odio, de la injusticia, de la pobreza perpetua, de la violencia y juntos, empezar a trabajar para crear la Colombia que todos merecemos, un legado decente para nuestros descendientes.  Un día que podría ser trascendental.  Un día que, en forma hermosa, jamás olvidaremos.  Si no somos perezosos.  Si no somos demasiadamente confiados.  Si colaboramos para maximizar la participación de los que no confían que el cambio hacia un futuro mejor es posible.

Hoy habrá obstáculos e impedimentos, habrá ofertas de mercados y billetes, habrá amenazas; pero en la urna todos estaremos solos para decidir de acuerdo a nuestras aspiraciones y consciencias, y el futuro digno o se ganará, u otra vez se perderá, de acuerdo a nuestras decisiones y acciones personales.  Y, o celebraremos esta decisión por toda nuestras vidas, o, como siempre, pronto estaremos arrepentidos, quejándonos del destino traicionero, aunque los traidores fuimos nosotros mismos.

La democracia es bella, nos permite manejar el destino con nuestras propias manos, pero sin participación es solo una ilusión.  No funciona.  Hoy es el 29 de mayo de 2022.  Hagámoslo un día histórico.  Salgamos a votar e iniciemos el proceso hermoso de realizar nuestro enorme potencial, aunque no sea fácil o corto.  Hagámoslo un día donde juntos, valientes por fin, logramos los sueños de paz, justicia, equidad y fraternidad que todos merecemos.  Digámosle no al engaño, a la mentira, a la corrupción y al arrepentimiento.  Digámosle si a nosotros mismos.
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© Guillermo Calvo Mahé; Manizales, 2022; all rights reserved.  Please feel free to share with appropriate attribution. Guillermo (“Bill”) Calvo Mahé (a sometime poet) is a writer, political commentator and academic currently residing in the Republic of Colombia (although he has primarily lived in the United States of America of which he is also a citizen).  Until 2017 he chaired the political science, government and international relations programs at the Universidad Autónoma de Manizales.  He has academic degrees in political science (the Citadel), law (St. John’s University), international legal studies (New York University) and translation and linguistic studies (the University of Florida’s Center for Latin American Studies).  He can be contacted at guillermo.calvo.mahe@gmail.com and much of his writing is available through his blog at https://guillermocalvo.com/.

Introspección Divina

Atrofiándose, marchitándose y finalmente decayendo, lazos que una vez unidos se desvanecen y perecen, quedando sólo los peores recuerdos, sólo los errores y malentendidos, hasta que ya es demasiado tarde, como suele ser siempre el caso. La búsqueda de un propósito perdura pero su objetivo parece cada vez más nebuloso, más tenue, efímeramente etéreo, desvaneciéndose lentamente, las metas se vuelven cada vez menos visibles y al mismo tiempo menos viables.

Cuando era niño, en una forma de sueño despierto, me adentraba deliberadamente más y más en los reinos del terror emocional incorpóreo hacia una singularidad de la que sería imposible escapar, poniendo a prueba mis límites. Siempre me escapaba, luchando por despertar. Un ejercicio aparentemente para entrenarme a mí mismo, quizás contra el futuro que muy pronto tendría que enfrentar. Y parece que el futuro ya llegó.

Hoy sueño con una variante de la inmortalidad en la que estoy completamente solo después del fin de los tiempos, cuando toda la materia se ha desintegrado y la gravedad y la entropía han muerto en un abrazo mutuo. Donde me he convertido, por defecto, en la singularidad, autocondenado al aburrimiento y a la soledad eterna. Una fusión del Cielo y del Infierno. Pero no me asusto ante esa infinita improbabilidad. Más bien, lo enfrento con determinación como una especie de destino autodecretado.

Arrogancia autoengañosa impuesta como expiación propiciatoria.
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Poesía oscura: otra perspectiva sobre la naturaleza del Sheol y su relación con el panenteísmo

O, שְׁאוֹל – Sheʾōl o Gê-hinnōm: ¡qué demonios!

En una región oscura y húmeda aunque abrasadoramente caliente y olfativamente ofensiva, una región fuera del tiempo y del espacio, la antigua deidad romana asociada con la luz y la verdad (pero degradada a través de la sincronicidad abrahámica a su triste estado actual) especula ya que hoy, en los reinos temporales, es un día cargado de incoherencias disfrazadas de significado, un fenómeno cada vez más común allá pero aún especial, al menos para los descendientes espirituales del antiguo Abram.

Él se pregunta: ¿qué relación, si es que tiene alguna, tiene el inframundo bíblico con los Países Bajos (recordando a los puritanos, no le gustan los holandeses) y, en uno o en cada caso, podría involucrar el orificio excretor posterior del divino, suponiendo que él, ella o ellos tienen uno? ¿Significaría eso que Sheʾōl o Gê-hinnōm o Hades o el Infierno, o, bueno, ya sabes, … lo que sea, está ubicado en algún lugar de un sistema gástrico divino, el estómago tal vez, o los intestinos (grandes o pequeños), o incluso el colon (dos puntos o punto y coma)? Eso ciertamente explicaría el peyorativo “¡Mierda Sagrada!

Obviamente, él tiene curiosidad por saber dónde se encuentra, tal vez contemplando un escape.

“¿Dónde entonces, puede estar o qué puede ser el Cielo? ¿O el Purgatorio?”

Algo sobre lo cual nosotros debíamos reflexionar (suponiendo que la herejía y la blasfemia no nos disuadan) en un Sabbat triste, recordando otro Sabbat triste hace casi dos milenios, cuando el supuesto Hijo del Hombre pasó una breve estadía en una incómoda sala de espera anticipando transporte a la casa de su padre.

¿Será que se retrasó el transporte debido a las restricciones impuestas por el Sabbat?

Parafraseando a Gandalf cuando aún era “el Gris”:  “¿Buen Sabbat? ¿Quieres decir que me deseas un buen Sabbat? ¿O que es un Sabbat para ser bueno? O que es un buen Sabbat, gústame o no.”

Por supuesto, probablemente nunca sea bueno pasar los sábados en אוֹל (Sheʾōl o Gê-hinnōm o el Infierno)”.
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Los celajes del tiempo: una especie de senryū en mi bemol menor

Vaporoso, el tiempo fluye por riachuelos ilusorios, sólo aparentemente lineales y unidireccionales, más oscurecidos, cada riachuelo un individuo, cada instante personalizado.

Cada uno percibiendo de una manera distintiva.

Celajes ofuscándonos de los demás en una variedad infinita de suspensiones colectivas.
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Ecce-homo

¡Ecce Homo! La frase supuestamente pronunciada por Poncio Pilato durante el primer Viernes “Santo” cuando él les presentó a Yeshua a una multitud que supuestamente exigía su ejecución por blasfemia; lavándose, sin éxito, las manos de toda responsabilidad por lo que iba a seguir. Tal vez sea esa una frase aún más adecuada para nuestro tiempo y para en lo que nos hemos convertido: oximorónicamente incoherentes, inundados de ortodoxia poética orquestada que menosprecia la empatía y nos mantiene caóticamente en línea. ¡Ecce Homo! La imagen colectiva que probablemente veríamos si hubiera un espejo lo suficientemente grande como para abarcarnos a todos.

Un espejo que reflejaría el miedo y el odio en nombre del amor y la tolerancia. Raza, religión, etnia, género, nacionalidad, clase, historia y filosofía, todos pervertidos para dividirnos y enfrentarnos unos a otros en farisaicas orgías de falsa indignación. Exuberante odio exaltado.

El precio de nuestra locura al negarnos a ejercer nuestro mejor juicio, permitiéndonos en ves ser manipulados por el miedo en lugar de abrazar el coraje de nuestras convicciones. Bacanales deificando supuestamente males menores. Ilusiones de una democracia que nunca hemos alcanzado.

Otro mensaje desde los archivos de Casandra.
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Jueves Santo

El Jueves Santo representa un día de transición en el mito, la leyenda o la historia de Yeshua, según nuestras percepciones y perspectivas personales. Un día lleno de humildad, generosidad y una especie de nostalgia y melancolía por un lado, y quizás traición por el otro. Aunque en lugar de traición, podría haber implicado el cumplimiento de una terrible tarea impuesta por el destino, una que condujo no solo a la pasión y muerte de Yeshua, sino a milenios de antisemitismo. El antisemitismo que Yeshua obviamente nunca habría tolerado.

¿Qué dice eso sobre la presciencia del destino? ¿O la del supuesto autor del destino, יהוה (yodh, él, waw, él); a quien referimos como YHWH”? ¿O qué dice de nosotros?

Algo sobre lo cual reflexionar durante esta extraña época anual de dolor y tristeza impuesta por יהוה a familias egipcias inocentes para castigar a su autócrata, e impuesta a Yeshua como un sacrificio humano, y luego, impuesta durante milenios al pueblo judío en su conjunto, pero celebrada gozosamente por las tres ramas de la fe abrahámica de una forma u otra.
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